RAMÓN BELLO BAÑÓN
ARTICULOS DE PRENSA
Los libros
Este manantial no se agota,
los estantes de las librerías
ven brotar, como de la tierra
fértil, nuevos libros,
nuevos textos. Los hay de
tamaño dispar, con
sobrias o deslumbrantes cubiertas.
Editados en rústica,
ahora que ya no se editan
en piel. Un buen día
se les ocurrió a los
franceses, adecuar el tamaño
del libro al del bolsillo
de un abrigo, y nació
el "livre de poche".
Los libros nos hablan, con
su lenguaje invariable, de
todo: de la fábula,
de la memoria de científicos,
políticos y escritores,
de los cadenciosos endecasílabos,
de las peregrinaciones al
templo de la Cultura, de la
pequeña historia y
de la gran Historia de las
ciudades que fueron y de las
ciudades que son.
Bastaría con ser
un aprendiz de curiosidades
para sentirse atraído
por esos objetos en los que
se recoge la experiencia o
la creatividad humana. Pero
si la lectura se ejercita
como una actividad lúdica,
como un aprendizaje del entretenimiento,
el lector encuentra en los
libros remedios contra la
soledad y fastos para la compañía.
El poeta argentino se lamentaba
de que Dios le había
dado a un tiempo "los
libros y la noche", porque
al gozo de la lectura le privaba
la noche de la ceguera. Los
libros son compañeros
fieles que nos acompañan
a través de los múltiples
caminos de la vida. Son estimulantes,
afrodisiacos, medicina hecha
para el sosiego y la meditación.
De los libros, el lector
escoge "sus" libros,
los libros que prefiere, los
libros que han marcado las
horas memorables de su vida.
En su pequeña, o gran,
biblioteca los tiene bien
alineados. Sabe encontrar
un tiempo propicio para reunirse
con ellos, para elegir uno
de entre los demás,
y demorarse en la lectura.
Se compran los libros para
ser leídos, pero también
para ser guardados, para tenerlos
a mano, para que nos respondan
en días, meses o años
posteriores, las nuevas preguntas
que el lector se hace. El
libro es un milagro, como
el que Sócrates nos
hable desde un diálogo
platónico, como si
lo acompañásemos
mientras ironiza mayéuticamente
con un sofista.
¿Dónde quedarán
los libros preferidos del
lector, cuando el lector muera?
En las librerías de
ocasión, separadas
del tronco común de
la cuidada biblioteca, quedan
las ramas sueltas de los libros
desamparados, los libros que
esperan la llegada de algún
comprador ocasional?
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