Viernes 28 Julio, 2006
  PRENSA

RAMÓN BELLO BAÑÓN



ARTICULOS DE PRENSA

Los libros

Este manantial no se agota, los estantes de las librerías ven brotar, como de la tierra fértil, nuevos libros, nuevos textos. Los hay de tamaño dispar, con sobrias o deslumbrantes cubiertas. Editados en rústica, ahora que ya no se editan en piel. Un buen día se les ocurrió a los franceses, adecuar el tamaño del libro al del bolsillo de un abrigo, y nació el "livre de poche".

Los libros nos hablan, con su lenguaje invariable, de todo: de la fábula, de la memoria de científicos, políticos y escritores, de los cadenciosos endecasílabos, de las peregrinaciones al templo de la Cultura, de la pequeña historia y de la gran Historia de las ciudades que fueron y de las ciudades que son.

Bastaría con ser un aprendiz de curiosidades para sentirse atraído por esos objetos en los que se recoge la experiencia o la creatividad humana. Pero si la lectura se ejercita como una actividad lúdica, como un aprendizaje del entretenimiento, el lector encuentra en los libros remedios contra la soledad y fastos para la compañía.

El poeta argentino se lamentaba de que Dios le había dado a un tiempo "los libros y la noche", porque al gozo de la lectura le privaba la noche de la ceguera. Los libros son compañeros fieles que nos acompañan a través de los múltiples caminos de la vida. Son estimulantes, afrodisiacos, medicina hecha para el sosiego y la meditación.

De los libros, el lector escoge "sus" libros, los libros que prefiere, los libros que han marcado las horas memorables de su vida. En su pequeña, o gran, biblioteca los tiene bien alineados. Sabe encontrar un tiempo propicio para reunirse con ellos, para elegir uno de entre los demás, y demorarse en la lectura. Se compran los libros para ser leídos, pero también para ser guardados, para tenerlos a mano, para que nos respondan en días, meses o años posteriores, las nuevas preguntas que el lector se hace. El libro es un milagro, como el que Sócrates nos hable desde un diálogo platónico, como si lo acompañásemos mientras ironiza mayéuticamente con un sofista.

¿Dónde quedarán los libros preferidos del lector, cuando el lector muera? En las librerías de ocasión, separadas del tronco común de la cuidada biblioteca, quedan las ramas sueltas de los libros desamparados, los libros que esperan la llegada de algún comprador ocasional?



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