Viernes 28 Julio, 2006
  PRENSA

RAMÓN BELLO BAÑÓN



ARTICULOS DE PRENSA

Erasmo en Salamanca

No es mal sitio Salamanca para reencontrarme con Erasmo, que en 1466 vio la luz en Gouda, por más que se tuvo siempre como rotterdamés. Su nombre de pila era Desiderio, pero helenizó este nombre por Erasmios, que responde a "amable". Por Desiderio hubiera pasado también a los libros de Historia, porque la categoría de un pensador es independiente del nombre de pila que el intelectual ostente. Kant hubiera sido el mismo filósofo llamándose, como se llamó, Immanuel, o con otro nombre de los que eran normales en aquella ciudad donde sus vecinos apreciaban su pulcritud y puntualidad, y Unamuno hubiera sido el mismo carismático rector salmantino, llamándose Miguel o Leopoldo.

"Non placet Hispania". Al amigo de Juan Luis Vives, no le gustaba España. Nunca estuvo aquí, pero su doctrina tuvo receptores y su estilo fue aceptado y respetado por muchos pensadores. Se dice que fue contradictorio e impreciso, porque carecía de un pensamiento filosófico concreto. ¿Era el signo de su espíritu la ambigüedad? ¿Era el signo de su espíritu la duplicidad? Pero fue un auténtico señor del humanismo, ante el que me descubro.

Pero de Desiderio-Erasmo me ha intrigado siempre el retrato de Holbein el Joven, que he podido ver en las apretadas salas de las Escuelas Menores de la Universidad de Salamanca: mirada penetrante, cejas marcadas, amplia nariz, fino bigote que pespuntea los cerrados labios en los que se dibuja, creo yo, un rictus irónico. Holbein fue un excelente pintor y debió tardar cuatro años en terminar este retrato, pero, comparado con otros del mismo autor ("Retrato de Erasmo bajo un arco") la precisión de trazo es expresiva. Erasmo muere en Basilea en 1536, y el cuadro pudo terminarse en 1532, por lo que su apariencia es la de un hombre de 66 años, que está de vuelta de muchas cosas, y al que espera la muerte en la ciudad episcopal con la que tiene una cita cuatro años más tarde, muy cerca de donde el Rhin cabalga hacia el mar, que también es el morir.

Se sabe que entre los filósofos suyos, Cicerón ocupaba un lugar preferente, y que besaba las páginas que reproducían los dones de la amistad del orador romano. He encontrado en Salamanca el nombre y el recuerdo de este humanista, que definió la escolástica como, pasto de los asnos, y la poesía como regalo de los dioses.

Subir

Indice de Artículos :

Soria Siglos oscuros
Shakespeare en Chinchilla El silencio
Erasmo en Salamanca Los libros
Algo sobre el infierno Ser español
Lenguaje jurídico Un dibujante: Antonio Mingote
Tagora Cela después



 
  Política de Privacidad