RAMÓN BELLO BAÑÓN
ARTICULOS DE PRENSA
Erasmo en
Salamanca
No es mal sitio Salamanca
para reencontrarme con Erasmo,
que en 1466 vio la luz en
Gouda, por más que
se tuvo siempre como rotterdamés.
Su nombre de pila era Desiderio,
pero helenizó este
nombre por Erasmios, que responde
a "amable". Por
Desiderio hubiera pasado también
a los libros de Historia,
porque la categoría
de un pensador es independiente
del nombre de pila que el
intelectual ostente. Kant
hubiera sido el mismo filósofo
llamándose, como se
llamó, Immanuel, o
con otro nombre de los que
eran normales en aquella ciudad
donde sus vecinos apreciaban
su pulcritud y puntualidad,
y Unamuno hubiera sido el
mismo carismático rector
salmantino, llamándose
Miguel o Leopoldo.
"Non placet Hispania".
Al amigo de Juan Luis Vives,
no le gustaba España.
Nunca estuvo aquí,
pero su doctrina tuvo receptores
y su estilo fue aceptado y
respetado por muchos pensadores.
Se dice que fue contradictorio
e impreciso, porque carecía
de un pensamiento filosófico
concreto. ¿Era el signo
de su espíritu la ambigüedad?
¿Era el signo de su
espíritu la duplicidad?
Pero fue un auténtico
señor del humanismo,
ante el que me descubro.
Pero de Desiderio-Erasmo
me ha intrigado siempre el
retrato de Holbein el Joven,
que he podido ver en las apretadas
salas de las Escuelas Menores
de la Universidad de Salamanca:
mirada penetrante, cejas marcadas,
amplia nariz, fino bigote
que pespuntea los cerrados
labios en los que se dibuja,
creo yo, un rictus irónico.
Holbein fue un excelente pintor
y debió tardar cuatro
años en terminar este
retrato, pero, comparado con
otros del mismo autor ("Retrato
de Erasmo bajo un arco")
la precisión de trazo
es expresiva. Erasmo muere
en Basilea en 1536, y el cuadro
pudo terminarse en 1532, por
lo que su apariencia es la
de un hombre de 66 años,
que está de vuelta
de muchas cosas, y al que
espera la muerte en la ciudad
episcopal con la que tiene
una cita cuatro años
más tarde, muy cerca
de donde el Rhin cabalga hacia
el mar, que también
es el morir.
Se sabe que entre los filósofos
suyos, Cicerón ocupaba
un lugar preferente, y que
besaba las páginas
que reproducían los
dones de la amistad del orador
romano. He encontrado en Salamanca
el nombre y el recuerdo de
este humanista, que definió
la escolástica como,
pasto de los asnos, y la poesía
como regalo de los dioses.
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