Viernes 28 Julio, 2006
  PRENSA

RAMÓN BELLO BAÑÓN



ARTICULOS DE PRENSA

Algo sobre el Infierno

Borges y Bioy Casares, argentinos universales, amigos de lo literario, curiosos y eruditos sin caer en egolatría, encaminaron parte de su tiempo libre en rescatar textos sobre el cielo y el infierno.

Interesante y curiosísimo texto, que guardo entre los más destacados del ya no tan pequeño universo de mi biblioteca. Los dos, creían y descreían en diferentes etapas de su vida; los dos eran partidarios de intentar resolver la parte más romántica de los misterios; los dos planteaban problemas que después resolvían; los dos sabían que el azar está regido por secretas leyes; los dos obtuvieron el Premio Cervantes.

¿Por qué hablar del cielo y del infierno? En la "Divina Comedia", Dante recorre las lóbregas y terribles estancias infernales. Con el poeta Virgilio se detiene y conversa con los condenados. Al paraíso le acompaña Beatriz Portinari, la joven -casi niña- que le deslumbró en el lungarno, muy cerca del Puente Viejo de Florencia. En un poema de 1954, Borges dirá que el infierno de Dios no necesita el esplendor del fuego, y Swedenborg adelantará que el premio y el castigo son diferentes estados del alma.

Ni el cielo ni el infierno son temas de hoy, perdidos todos nosotros en otras discutibles ocupaciones. Tiempo este en el que abundan los descreídos sobre los creyentes, tan lejos de la angustia y del temor de Dios, que atenazó las iniciativas muchos antepasados Pero si a la indiferencia de los creyentes y de los agnósticos, situamos como un espejo todo lo que se ha escrito sobre el premio y el castigo más allá de la vida terrenal, nos recorre el rayo del escalofrío. De tratados enteros, de reflexiones memorables, de discusiones teológicas está llena la filosofía y la literatura. El infierno es visto como castigo físico

En diciembre de 1959, Borges y Bioy hablaban de haber buscado en la antología lo esencial, sin descuidar lo vívido, lo onírico y lo paradójico, y que a través de la evolución histórica puede también comprenderse la milenaria transformación de los conceptos del cielo y del infierno.

Ni el cielo ni el infierno están en la antología sobre el cielo y el infierno, pero leyendo las páginas que la integran, le llegan al lector llamaradas infernales y plácidas brisas que parecen llegar del paraíso. Aquello que está -o no está- más allá de nosotros solo puede alumbrarse con el destello de la fe.

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